domingo, 11 de enero de 2009

Análisis

Para los que hayan visto la película Bajo California, a ver si les interesa este pequeño análisis que hice.



Bajo California: Renacimiento y retorno

El viaje que inicia Damián Ojeda tiene tres objetivos: el primero es huir dado que dos meses antes atropelló a una mujer, al parecer embarazada, que atravesaba “imprudentemente” la carretera, este atropellamiento nunca se aclara del todo y aunque hay una serie de flashbacks del accidente Damián duda del acontecimiento (“A veces quiero creer que me lo imaginé”), además de que volvió al sitio y no encontró ningún rastro de la víctima. La culpa que siente por no haberse detenido al momento se agranda más por el hecho del embarazo, pues su mujer también espera un hijo y este hecho vuelve el accidente algo más personal. Aún existiendo la duda de la veracidad del acontecimiento realiza la huída, los recuerdos lo persiguen como fantasmas y busca deshacerse de ellos, poco a poco se irá desprendiendo de las cosas que le recuerdan el accidente, por ejemplo, de su camioneta, la cuál hará arder en llamas.

El segundo objetivo es la purgación, obtener el perdón por lo cometido, Damián dice “no me canso de repetirme que yo no tengo la culpa, que esa mujer se atravesó imprudentemente” pero aún siente que debe pagar de alguna forma por sus actos. Si volvemos al ejemplo del vehículo podemos ver el fuego, que es considerado como un elemento purificador. Puede que haya decidido destruir su camioneta siguiendo la pauta del caminante que se encuentra en la carretera y al que le ofrece un aventón que es negado con la respuesta “debo pagar una manda”. Caminar será, a partir de ahí, su sacrificio para enmendar el posible asesinato de la mujer; debido a tener que caminar tendrá que pasar por muy diversos pisos, padecer sed, insolación, caer varias veces, desmayarse y pasar fríos. Hay dos ocasiones en que Arce le dice que se suba a una mula pero responde que no, que “también tengo que pagar una manda”. Dado que Ojeda tiene una sensibilidad artística, las obras de arte que irá produciendo en su recorrido, obras efímeras capturadas en un instante gracias a la fotografía y que son abandonadas a la inclemencia de la naturaleza y el tiempo, dejadas a la intemperie (inspiradas en las obras de los británicos Andy Goldsworthy y Richard Long), éstas también funcionan como una forma de remedio o purificación del alma.

El último objetivo del viaje es la búsqueda de sus orígenes, el personaje tiene como meta llegar San Francisco de la Sierra, un pueblito en Baja California, México, donde vivió y murió su abuela y donde nació su madre. Aunque el personaje nació en California, Estados Unidos, hay en él una paratopía de aspecto identitario, la de sentirse como un extranjero en su país pues se sabe de ascendencia mexicana, este problema se ve claro al momento de escuchar la cinta que grabó su esposa, pues hay en su forma de hablar una especie de code-switching entre el español y el inglés. También lo observamos en el momento en que Arce le pregunta de dónde es y él no puede terminar su respuesta (“Yo soy de…”). Al llegar al cementerio del pueblo y encontrar la tumba de su abuela, para llevarle flores y una carta de su madre, Damián le dice que vino a su tierra y que de alguna forma también es la de él, luego dirá: “Uno no puede vivir sin saber de dónde es uno. Saber de dónde es uno es saber dónde están enterrados los abuelos” para antes de despedirse rematar con la frase “El pasado son todos nuestros muertos”. Cuando Damián y Arce se encuentran descansando en la montaña, Damián pregunta que cómo hacen para vivir en el rancho y Arce le dice que se mantienen gracias al ganado, al queso de cabra y al dinero de los turistas americanos que quieren conocer las pinturas y necesitan de guías, pero que es difícil vivir ahí pues la tierra es muy dura para tener cosechas; entonces le pregunta que por qué no buscan otro lugar para vivir, a lo que Arce responde: “La tierra es la tierra, no se deja fácilmente. Aquí están nuestros muertos y uno no se puede ir así nomás porque sí”.

Durante toda la película se presentarán imágenes, acciones y comentarios que nos remitan a los orígenes, pero aparecerán de diversas maneras: histórica, mítica y científicamente; así como también habrán diferentes clases de orígenes. El agua es un símbolo del origen y tenemos una variedad de tomas al mar o de una alberca. Se nos muestra sobre el origen de la vida con la futura hija de Damián; sobre el pasado del mundo al momento de lanzar las piedras al precipicio y verlas caer “como cayeron hace miles de años”, simulando meteoritos; las creencias de los indios guaycuras sobre un tiempo mítico en que hubo gigantes (hay que mencionar que estos indios eran nómadas y esto es otro motivo para que Damián camine, para que camine como lo hicieron los antepasados); el origen de la familia Arce en San Francisco de la Sierra con el árbol genealógico realizado con piedras, etcétera. Pero así como se habla de origen, se habla de fin: Tenemos la extinción de varias tribus indígenas así como de los venados y cimarrones; la muerte de la abuela y de la mujer atropellada; el desalojo de los jesuitas y su convento derruido; la desaparición de los metates que se llevaron los turistas; los huesos de la ballena, entre otras.

Pero no sólo hay un origen y un fin; hay un reinicio. Bajo California parece desarrollarse dentro de un tiempo mítico, esto es: un tiempo circular, como el Ouroboros egipcio o griego, como el sueño de Brahma o como la leyenda azteca de los soles, un eterno retorno del que ya han hablado Platón, Nietzsche, Eliade y Borges. Damián cuenta por la noche en una de las cuevas que los indios guaycuras creían que “El sol, la luna y los luceros eran hombres y mujeres que caían al mar por el poniente” y que todos estos astros los encendía un dios y aunque al caer al mar se apagaban, él las volvía a encender diariamente. Al inicio y al final del filme Damián cruza la frontera entre Estados Unidos y México, lo mismo pasa con el caminante que intercambia los sombreros, se encuentra con él en la ida y en la vuelta, y al lugar hacia donde se dirigía Damián al comienzo es a donde ahora éste personaje enigmático se dirige; Ojeda tiene en la frente un tatuaje con dos círculos, figura que construirá con piedras y que también se encuentra pintada en una roca cuando se halla cerca de San Francisco de la Sierra (como si su destino estuviera ahí). También realiza en la playa una espiral con conchas y en el centro hay una especie de hélice dando vueltas. Hay un momento en la montaña donde Damián plasma con pintura su mano en una roca, haciéndolo con la misma pintura que utilizaron los indígenas, como trayendo al presente aquel tiempo lejano. Y, sobretodo, el vientre materno y el nacimiento de la hija de Damián, representando un nuevo inicio del ciclo de la vida.

El vientre abultado por el embarazo es un símbolo de una nueva vida, y unido al mito de Jonás y la ballena (en la carta que escribió la esposa de Damián dice que él quería ponerle el nombre de Jonás a su hijo, si éste fuera varón, pues estaba en el vientre de ella, como en el mito bíblico) se convierte no sólo en un nacer, sino en un renacer, y esto va ligado a la vida de Damián. Joseph Campbell dice que el héroe es tragado por algo desconocido y pareciera que está muerto. Así como tenemos a Jonás, tenemos a Cristo en la tumba o a José en el pozo; Hércules se deja tragar por un monstruo marino para aniquilarlo desde dentro; Caperucita es tragada por el lobo; Mishe-Nahma se tragó a Hiawatha, etcétera. Campbell dice que “en vez de ir hacia afuera, de atravesar los confines del mundo visible, el héroe va hacia adentro, para renacer”, dado que al estar adentro “puede decirse que muere para el tiempo y regresa al Vientre del Mundo, al Ombligo del Mundo, al Paraíso Terrenal” (Campbell: 1972, 89-90), entrar en el vientre de la ballena es un acto de renovación y es esto lo que busca Damián con su viaje; el embarazo como las ballenas están presentes muchas veces en la película: vemos embarazadas a su esposa, a la atropellada y a quien lo atiende en el restaurante; una de las cuevas era utilizada para los partos y para realizar ritos de fertilidad; las ballenas las vemos intercaladas con imágenes del vientre de su esposa, y cuando reconstruye el esqueleto de una ballena se coloca justamente en donde estaría su vientre. Después de haber estado a punto de morir por la mordedura de la víbora, de sobrevivir gracias a la ayuda de Arce y tras haber llegado a la pintura de “La familia del hombre” donde Ojeda ve al niño junto a sus padres, es que se da el renacer, es ese el momento en que el personaje sale del vientre de la ballena resucitado y listo para ver sin culpa a su hija que ha salido ya también del vientre de su madre. Los tres objetivos del viaje fueron cumplidos y es el tiempo del retorno de Damián Ojeda, convertido en un hombre nuevo.

1 comentario:

svankmajerovo dijo...

Super chafo el análisis pero no se me ocurría que subir...