domingo, 4 de enero de 2009

Relato de viaje


Pensamientos en tren




F. J. Ingelberts


A mi tía Christiane Ingelberts,

por toda su ayuda en estos meses difíciles.


Como una de tantas veces he tomado el tren en la minúscula estación de Mortsel Oude-God con dirección a Lovaina, donde estudio, después de tomar una dosis de buen blues o rocanrol en De Rots en Amberes o en el Cafe BP ahí en Mortsel, aunque en esta ocasión vengo de celebrar el año nuevo en la tranquilidad de la casa de mi tía. Estoy helado, ya van varios días que nos mantenemos en el punto de solidificación, los lagos que se sacudían el frío hace un mes se han quedado paralíticos. En el noticiero avisaron que en el sur, en Valonia, está nevando, a ver si nos llega algo a nosotros. (Dames en heren, deze trein stopt in Mechelen, Westpelaar, Leuven…) Hay momentos en que siento que voy en un tren babélico, que sigue y sigue a vuelta de rueda y no parará hasta llegar a donde ningún otro tren se haya atrevido, a una estación lejana e inexistente; esto me ocurre cuando los vagones van repletos y se forma tal barullo y parece que ya Dios nos ha reprendido (¿o bendecido?) dándonos el don de lenguas. Pero hoy el tren va casi vacío. A veces es lindo leer en el trayecto pero este día Flandes se merece una fisgada, el paisaje es sombrío mas grato, los esqueletos de los árboles se mimetizan con el color ocre y almagre de los ladrillos de las casas, los techos se han vestido de novia, el cielo se esconde tras el telón de nubes, la hojarasca, el camino a rayas blanquecino y rocoso, gris y blanco, de las vías ferroviarias, pareciera que veo cientos de postales en sepia una tras otra, como un filme de finales del siglo XIX. Uno se da cuenta de los pueblos que rebasamos guiándose por las iglesias. A veces pienso en cuánto turista con desgano de conocer la historia viene a éste país y cree que los edificios que ve frente a sí han estado ahí incólumes durante muchos siglos, sabrá Dios cuántas veces se ha demolido o reconstruido a éste y otro, muchas construcciones son una copia de una copia de una... En Bruselas el palacio de Carlos V, el de Nassau, todos están en el subsuelo, pareciera que les gusta echar tierra al pasado para luego ir a desenterrar y maravillarse al encontrar una columna mientras se repara alguna tubería del drenaje. Hace un mes hubo una exposición fotográfica en ciertos puntos de Lovaina, mostrando los edificios derruidos y tambaleantes de la ciudad tras el paso de la Primera Guerra Mundial, a mí me da tristeza pero podría ser que los flamencos se sientan orgullosos de ver cómo lograron afrontar tal situación y salir adelante. La casa de mis abuelos en Aarschot fue destruida en ambas guerras, la biblioteca principal de Lovaina fue blanco deliberado de los bombardeos nazis y la que se muestra ahora en pie y presuntuosa fue un regalo de varias universidades norteamericanas, ¡cuántos documentos antiguos e importantes se habrán calcinado, cuántos no harían regocijarse a historiadores, intelectuales y estudiantes! (Dames en heren, we komen aan in het station van Mechelen). Veo por la ventanilla y me siento como Graciela, la de Benedetti, tú y la persona que esté sentada frente a ti ven un panorama diferente, tienen una distinta perspectiva: o ves lo que se acerca a ti o lo que se va, el porvenir o el pasado que se esfuma, mi estado de ánimo determina qué lugar tomaré, a veces quiero ver cómo voy dejando todo atrás, quiero que se pierda todo en el olvido y otras veces quiero ver hacia el horizonte, estar suspenso y atento al “qué me espera”, creo que la mayoría prefiere lo segundo ¿sino por qué colocaron los vagones de primera clase al frente? Los que van adelante en el tren acarician el futuro primero que los que vamos arrecholados al fondo, dejándonos un futuro ya manoseado. ¿Los avestruces soportarán este clima? Me lo pregunto porque acabo de ver un par en un corral; uno se acostumbra a ver cualquier cosa, a vivir cualquier cosa, así como los primeros padres se acostumbraron al Edén, nosotros nos acostumbramos a esto, a las sobras, le echaron tierra al Edén como le echan tierra a todo. Con tanta tierra pienso en Nicanor Parra…

-Excuseer meneer, mag ik uw vervoersbewijs zien, alsjeblieft.

-Ja… Alsjeblieft.

-Dank u.

Los guardias y su vestuario anacrónico… parecen salidos de una película de Chaplin… ¿En qué estaba? Ah, sí… ¿Haría frío en el Edén? Lo dudo, todo el día se la pasaban en cueros… Tengo unas ganas de orinar pero no me gusta hacerlo en los baños del tren, ni has empezado y ya te estás sacudiendo, mejor me espero. He estado sentado viendo en dirección al pasado pero ahora cambiaré el lugar, será algo simbólico, me he despedido del año y ahora le doy la bienvenida al recién llegado, démosle la espalda al pasado, enterrémoslo como un perro a su hueso pero, claro, sin olvidar en qué punto lo hemos dejado. Ahí veo a mi futuro más próximo: Lovaina; los carriles se multiplican, se ve la fábrica de Stella Artois como indicando la meta, ya casi es momento de salir a enfriarse el culo de nuevo (Dames en heren, we komen aan in het station van Leuven). Después del anuncio de llegada, como por arte de magia, comienzan a caer los copitos prematuros, hijos de papá Copo y mamá Bola de Nieve, y danzan al compás del vals del viento. Escucho mentalmente un fragmento del Cascanueces mientras bajo los escalones y mis botas besan el suelo. No es tan bello el andén de la estación de Lovaina pero hay qué admitirlo, es un bonito recibimiento.


Bélgica, 2009



*Fotografía tomada por Sofía Traslaviña y el poema incrustado escrito por F. J. Ingelberts

4 comentarios:

TrentOcaina... Carpe diem dijo...

Excelente la historia de tus viajes en tren, paco ;). Debiste de haber traducido, pero bueno, tu dijiste que no jeje.

Animoo!!!

Anónimo dijo...

Micke:

Insisto, nadie te quita el placer de autopublicarte.

tulirita dijo...

Bueno pibe, vos ya sabés lo que opino de este texto. Sin embargo aquí te hago una confesión, yo también me siento como Graciela... ya empiezan a surgir en mí bríos nuevos, eso es lo que más me emociona!

Ojalá escribas más sobre tu estancia en Bélgica!

silvi orión dijo...

a huevo cabrón, qué bonito
qué de imageniales y ya sabes, sé de lo que hablas
esta misma tarde a mí me ha tocado vivirlo

volver a la ofensa que llega a ser tanta nieve de cuento
ahora, que tenemos que hacer lo que tenemos que hacer
pero me da que no vamos a hacerlo

hijueputa qué ganas de brindar en nuestro bar ya de nuevo
me alegro de que te hicieras el blog
ya verás el cariño que le tomas en un tiempo
es un modo de ir viendo en qué estabas y en qué estás
aparte de un (y cuidado con esto) incentivo, you know

tengo que parar de hablar y voy a celebrar este texto, claro que sí, con un porrillo_ besos paulatinos. yo paula, tú tino